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El pivote con gafas y apodos que llegó hasta Los Angeles Lakers sin el físico de la NBA

Robbie Ávila, 22 años, ascendencia mexicana y comparado con Jokic, desafió todos los moldes del básquetbol de élite. Su arma: el ajedrez, los pies y el IQ.
Foto: lanacion.com.ar
miércoles 26 de agosto de 2026 · 13:14 UTC

Confirmado. Robbie Ávila no encaja en ningún molde.

Nació en Oak Forest, suburbios de Chicago. Sus padres, Juan y Katie, no imaginaban una carrera de élite. El niño no mostraba destreza física destacada. Tampoco la tiene ahora: 2,08 metros, sin atletismo explosivo, con gafas protectoras desde pequeño.

Lo que sí desarrolló fue otra cosa. Su padre centró el entrenamiento en lo que podía crecer: juego de pies, definición con ambas manos, cambio de ritmo, pase desde distintos ángulos. Las tardes libres las pasaba jugando al ajedrez con su abuelo José. Según su padre Juan, esa habilidad migró directo a la cancha: leer al rival, anticipar el siguiente movimiento antes de ejecutar el propio.

En la secundaria de Oak Forest se convirtió en el máximo anotador histórico. Aun así, los grandes programas universitarios no lo llamaron. Lo vio Josh Schertz, entrenador de Indiana State. Allí llegaron los apodos: «Cream Abdul-Jabbar», «Larry Nerd», «Milk Chamberlain», «Shaquille Oatmeal», «College Jokić».

«Obviamente no soy tan bueno como Jokic, pero ver esos pequeños detalles en las comparaciones es algo sorprendente para mí», dijo Ávila.

Un partido de 35 puntos contra Evansville acumuló casi 18 millones de visualizaciones en YouTube. Llegaron ofertas de patrocinio, incluyendo una empresa de gafas. Con esos primeros ingresos por derechos de imagen compró 20 pares de zapatillas para el equipo de su secundaria.

Cuando Schertz se fue a la Universidad de Saint Louis, Ávila lo siguió. Según el St. Louis Post-Dispatch, pudo haber triplicado sus ganancias transfiriéndose a otro programa. Eligió la lealtad. Cerró su carrera universitaria con 1.990 puntos y 473 asistencias. Sports Illustrated lo presentó en la antesala del Draft con sus apodos más conocidos.

Su trayectoria lo proyectó hasta Los Angeles Lakers.

Pulso Global observa: la historia de Ávila es un argumento limpio contra el credencialismo físico. Sin beca de élite, sin cuerpo de portada, construyó valor real con inteligencia y técnica. El mercado —patrocinadores, ojeadores, millones de vistas— lo reconoció antes que las instituciones. Eso no es casualidad; es el mérito funcionando.

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