ARGENTINA (Pulso) — Confirmado. Cada gol de la selección argentina activa pedidos en la industria del cotillón.
En la fábrica Globos Tuky, en San Martín (Buenos Aires), 40 empleados fabrican vuvuzelas y productos celeste y blanca. Tras la victoria 3 a 2 sobre Egipto, el empresario Emmanuel Poletto recibió una lluvia de pedidos para el día siguiente.
Los 2.500 cotillones del país incrementaron ventas más del 10% interanual. Si la selección logra la cuarta estrella, el alza podría superar el 25%, según estimaciones de Poletto, secretario de la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ).
El economista Alex Ovando, de la consultora IES, señala que cada partido ganado incrementa alrededor de un 20% los comercios que decoran sus espacios. Un avance sostenido de la selección podría generar un impacto positivo de entre el 1% y el 1,50% en determinados indicadores de consumo.
Pero el trasfondo es severo. Según Ovando, 5,7 millones de personas acumulan deudas atrasadas de más de 90 días en tarjetas y créditos personales. Más del 40% de esos deudores son menores de 30 años. Muchas familias no llegan a mediados de mes y recurren al endeudamiento para el consumo cotidiano.
Desde Ticoral, empresa líder del sector, la gerenta Denise Sedler confirma el cambio: «Prácticamente desaparecieron las compras por impulso. La gente adquiere únicamente lo indispensable». Las compras programadas y los presupuestos ajustados dominan el mercado.
Matías Furió, presidente de la CAIJ, advierte que en los últimos dos años cerraron unas 700 jugueterías. Señala competencia desleal entre importadores formales y productos ingresados por courier con ventajas arancelarias.
Poletto resume la paradoja: «Hay una macro ordenada, pero la micro no acompaña».
Desde Pulso Global: el mundial actúa como anestesia emocional sobre un consumo estructuralmente dañado. El ajuste fiscal avanza, pero el crédito caro y la carga impositiva sobre las pymes locales frenan la recuperación real. Mientras el aparato estatal no alivie la presión sobre las empresas formales, el rebote del cotillón será tan efímero como un gol en tiempo extra.



