ARGENTINA (Pulso) — Las exportaciones argentinas de sebo bovino se multiplicaron por más de 20 en diez años. Alcanzaron 154.808 toneladas en 2025, por US$125,2 millones.
La Bolsa de Comercio de Rosario atribuyó el salto a la demanda de Estados Unidos para producir diésel renovable. En 2015, la Argentina ocupaba el puesto 15 entre los exportadores mundiales. Diez años después llegó al cuarto lugar, con 7,8% del total.
El informe señaló que el cambio fue sobre todo externo. La BCR dijo que «lo que cambió fue la demanda internacional, empujada sobre todo por la política energética de Estados Unidos».
Desde 2020, ese país expandió su industria de diésel renovable. La producción pasó de unos 7,2 millones de barriles anuales a fines de 2018 a 69,4 millones en 2025, según datos de la Energy Information Administration citados por la BCR.
El consumo estadounidense de grasa bovina para biocombustibles pasó de unas 75.000 toneladas mensuales en 2021 a un máximo cercano a las 450.000 hacia fines de 2025. La entidad habló de un crecimiento superior al 720%.
La Argentina también cambió sus destinos. Entre 2023 y 2026, Estados Unidos concentró cerca del 60% de los envíos argentinos y Uruguay una cuarta parte.
Este año hubo un giro. La BCR explicó que desde 2026 el crédito impositivo estadounidense 45Z excluye al sebo bovino importado. En los primeros siete meses del año, los embarques argentinos hacia ese país cayeron 4% frente al mismo período de 2025.
Pese a eso, la entidad sostuvo que la demanda estadounidense excede su capacidad de abastecimiento interno. También dijo que las importaciones seguirían teniendo lugar en ese mercado.
La lectura de fondo es clara. La oportunidad no nació en Buenos Aires. Nació en la política energética estadounidense y en sus incentivos fiscales.
Eso muestra cómo el comercio libre y la demanda real pueden reordenar una cadena productiva. También deja una advertencia: cuando cambia la regla estatal en el mercado de destino, el exportador queda expuesto.



