CUBA (Pulso) — La Unión Eléctrica (UNE), empresa estatal cubana, confirmó una desconexión programada de 2,140 megavatios este sábado. La medida cubre hasta el 65% de la isla en horario de máxima demanda.
La capacidad disponible durante la tarde y noche será de solo 1,140 MW. La demanda máxima estimada llega a 3,250 MW, según el reporte oficial citado por EFE.
El dato central: 10 de las 16 unidades termoeléctricas del país están fuera de servicio. Sufren averías o esperan mantenimiento. Esta tecnología aporta el 40% del suministro nacional.
Las termoeléctricas arrastran décadas de uso sin inversión de modernización, según el reporte. Faltan repuestos. No hay renovación de equipos.
Cuba necesita más de 100,000 barriles de petróleo diarios. Solo produce 40,000 internamente. El resto depende de importaciones, dificultadas por sanciones estadounidenses vigentes desde enero.
El gas y las renovables aportan el 20% restante de la matriz. China respalda nuevos proyectos solares, pero aún no compensan la caída de generación convencional.
El Gobierno cubano atribuye la crisis a una «asfixia energética» deliberada de Washington, según acusó. Expertos independientes, en cambio, señalan infrafinanciación crónica como causa principal, de acuerdo con EFE.
Lectura editorial
El apagón de este sábado no es un accidente climático ni una sorpresa. Es el resultado previsible de seis décadas de un sistema energético controlado por el Estado, sin propiedad privada ni competencia que exijan eficiencia.
Culpar únicamente a las sanciones externas —como hace el Gobierno cubano— ignora el diagnóstico de los propios expertos: la infrafinanciación crónica del monopolio estatal es la raíz del problema. Sin inversión privada ni mercado energético libre, la isla seguirá a oscuras mientras el diésel importado siga siendo la variable que decide si hay luz o no.


