COREA DEL NORTE (Pulso) — Corea del Norte lanzó este sábado un misil balístico hacia el mar desde la zona costera oriental de Wonsan. El Estado Mayor Conjunto de Corea del Sur dijo que el proyectil recorrió más de 700 kilómetros.
Japón informó que el objeto cayó en el mar y pidió precauciones a los barcos que circulan por la zona. La guardia costera japonesa agregó que el objeto «podría haber sido un misil balístico».
Las fuerzas surcoreanas y las de Estados Unidos analizan las características del ensayo. Seúl también reforzó la vigilancia ante la posibilidad de nuevos lanzamientos y mantiene intercambio de información con Washington y Tokio.
El disparo se produjo en medio de una escalada de tensiones con Corea del Sur por las explosiones de minas terrestres en la frontera. Esas detonaciones hirieron a tres soldados surcoreanos, según las fuentes citadas por los medios consultados.
La oficina presidencial de seguridad nacional de Corea del Sur pidió a Pyongyang que interrumpa «de inmediato» sus lanzamientos balísticos. Dijo además que esas pruebas violan sanciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Kim Yo-jong rechazó las exigencias de Seúl y calificó de «absolutamente patéticas» sus demandas, según las fuentes citadas. Corea del Sur y el Comando de las Naciones Unidas atribuyeron las explosiones a artefactos instalados por Corea del Norte al sur de la línea de demarcación militar.
Lee Jae-myung reafirmó que su gobierno mantendrá medidas para reducir las tensiones militares. También pidió a Corea del Norte que «restaure el diálogo interrumpido».
La lectura es clara. Cada nuevo lanzamiento agranda el riesgo en la península y obliga a más vigilancia, más coordinación militar y más presión diplomática.
Pero el hecho central sigue siendo otro. Cuando un régimen militariza la frontera y multiplica ensayos, el costo lo pagan la seguridad regional y la estabilidad de los vecinos. El orden en esa zona depende menos de gestos y más de contención verificable.



