Confirmado. Un equipo de la Florida A&M University College of Pharmacy and Pharmaceutical Sciences publicó un estudio en la revista Oncotarget. El hallazgo: una nueva familia de compuestos experimentales llamados PCAIs.
Las mutaciones del gen KRAS están presentes en aproximadamente el 90 % de los adenocarcinomas de páncreas. También aparecen en porcentajes elevados de cánceres colorrectales y de pulmón. Las terapias actuales contra variantes específicas, como KRASG12C, enfrentan resistencias y eficacia limitada.
El estudio evaluó 15 compuestos sobre dos líneas celulares humanas de cáncer de páncreas. Se usaron cultivos convencionales y modelos tridimensionales de esferoides. El compuesto NSL-YHJ-2-27 fue seleccionado para análisis detallado.
Resultados clave: el compuesto redujo la viabilidad de células tumorales. Inhibió su migración en más del 90 % incluso a bajas concentraciones. Disminuyó la capacidad de invasión en modelos tridimensionales. También desencadenó apoptosis —muerte celular programada— mediante activación de caspasas.
El análisis génico detectó cambios en 88 genes relacionados con la progresión del cáncer. Aumentaron genes supresores del tumor. Disminuyeron genes asociados a proliferación e invasión.
A diferencia de inhibidores actuales, los PCAIs no bloquean directamente la proteína KRAS. Interfieren con una modificación química necesaria para que KRAS funcione en la membrana celular. Según los autores, esto permite actuar sobre múltiples rutas tumorales a la vez.
Los investigadores advierten: el estudio es exclusivamente en modelos celulares. El siguiente paso es confirmar eficacia y seguridad en animales. Luego vendrán ensayos clínicos. Antes, optimizarán la estructura de los PCAIs para mejorar selectividad y perfil toxicológico.
En desarrollo.
El cáncer de páncreas figura entre los tumores con peor pronóstico mundial. La escasez de tratamientos eficaces frente a KRAS lo convierte en un blanco prioritario para la investigación privada y académica. Un avance que llegue a pacientes dependerá de que la ciencia —y la inversión que la sostiene— complete el largo camino desde el laboratorio hasta la clínica. La libre empresa farmacéutica es, hoy por hoy, el principal motor de ese recorrido.



