Un grupo de investigadores publicó un artículo en la revista «Sustainable Development». Proponen reducir la población mundial a aproximadamente 4.000 millones de personas para el año 2200.
Hoy el planeta supera los 8.300 millones de habitantes. Hace un siglo eran menos de 2.000 millones, según el estudio.
Los autores descartan medidas coercitivas. La vía propuesta es ampliar el acceso a «servicios de planificación familiar» y políticas como el aborto, especialmente en países de bajos ingresos.
«Facilitar el acceso a una población más pequeña y sostenible no privaría a miles de millones de personas de su vida», afirman en el documento.
El estudio proyecta que la población podría llegar a 11.400 millones hacia 2100. Ese escenario implicaría, según sus cálculos, «casi el doble de las emisiones actuales de CO2, el consumo de energía y de pesticidas, y el cuádruple de residuos plásticos».
Como ejemplos de reducción de fertilidad, citan los casos de Irán y Corea del Sur.
Sin embargo, el propio estudio reconoce un costo económico. Según el Fondo Monetario Internacional, el envejecimiento de la fuerza laboral podría recortar significativamente el potencial de crecimiento global en las próximas décadas.
Los investigadores lo asumen: «La creciente riqueza y el consumo no son ecológicamente sostenibles», concluyen.
---
Esto es lo que se sabe. La propuesta pone sobre la mesa una tensión real: los mismos autores admiten que menos población significa menos crecimiento económico, menos innovación y fuerza laboral envejecida. El FMI respalda esa advertencia.
Desde la perspectiva del libre mercado y del valor de la vida humana, la lógica es preocupante: el ser humano aparece en el modelo como variable de ajuste, no como fuente de soluciones. La historia muestra que la innovación y el mercado libre, no la reducción demográfica planificada, han sido el motor real de la mejora ambiental y el bienestar.



