ESTADOS UNIDOS (Pulso) — Los precios de la carne vacuna en Estados Unidos subieron 11,8% interanual y 1,2% solo en junio, según la Oficina de Estadísticas Laborales. La carne picada acumuló 12,4%, los asados 13,8% y los bifes 11,4% frente al mismo período del año anterior.
El origen es estructural. El rodeo bovino estadounidense se ubica en su nivel más bajo en más de siete décadas. La sequía redujo las áreas de pastoreo en regiones clave y forzó a productores a liquidar animales. Se suman mayores costos de alimento, mano de obra, combustible y equipamiento.
Tyson Foods lo confirmó con números. Su división de carne vacuna registró una pérdida de USD 138 millones. El volumen de ventas cayó 15,9% mientras los precios subieron 12,1% por restricciones de oferta, según FOX Business.
El director ejecutivo Donnie King lo reconoció sin rodeos: «La carne vacuna no se ha comportado como esperábamos, y no estamos fingiendo lo contrario».
El Departamento de Agricultura anunciará a fines de agosto la reapertura gradual de importaciones de ganado desde México, suspendidas hace más de un año por un brote de gusano barrenador del Nuevo Mundo. El organismo registró 44 casos en EE.UU. desde junio, concentrados en Texas y Nuevo México.
La reapertura comenzará por el puerto de Douglas, Arizona. Los estados mexicanos de Sonora y Chihuahua fueron identificados como los de menor riesgo, con programas de inspección calificados de «sólidos» y «bien establecidos».
King acotó que la medida «no tendrá un impacto material en lo que resta de este año fiscal», que termina en septiembre, aunque «ofrece la posibilidad de cierto nivel de mejora en 2027 y más allá».
Esto es lo que se sabe: el consumidor estadounidense absorbe hoy el costo de una política de oferta contraída por factores climáticos, sanitarios y regulatorios. El aparato estatal tardó más de un año en habilitar una vía de alivio —la importación mexicana— y lo hace de forma parcial y gradual. Mientras tanto, el bolsillo del ciudadano común financia la demora. La libre empresa necesita cadenas de suministro abiertas; cada mes de restricción innecesaria tiene precio, y ese precio lo paga el consumidor en la caja del supermercado.



