PERÚ (Pulso) — Confirmado. Hace un siglo apareció el primer número de «Amauta». La revista salió en setiembre de 1926, con carátula de José Sabogal.
El historiador Ricardo Portocarrero sostiene que la publicación tuvo alcance nacional y cosmopolita. Dice que «relacionó lo nacional y lo cosmopolita». También afirma que convocó a lo más relevante de la intelectualidad crítica del país.
Portocarrero recordó que Mariátegui entendió la importancia de su independencia política e intelectual. Según su lectura, depender de un financista o de un director habría limitado su proyecto periodístico y político. Esa autonomía ayudó a tejer redes con escritores, artistas y grupos de Cusco, Puno, Arequipa y La Paz.
La revista publicó 32 números. En octubre se realizará un coloquio internacional para abrir nuevos debates. El objetivo, dijo Portocarrero, es que el archivo José Carlos Mariátegui, ya digitalizado, permita presentar trabajos con nuevos temas de investigación.
«Amauta» también reunió colaboradoras mujeres. Portocarrero menciona a Dora Mayer y Miguelina Acosta. Señala que Mariátegui convocó a quienes podían aportar al debate, sin reducir la publicación al género.
La lección sigue siendo clara. Una revista independiente puede convertirse en plataforma de ideas, no en apéndice de intereses. Ese tipo de autonomía fortalece la vida cultural y evita que el pensamiento quede atrapado por financistas, burócratas o modas pasajeras.
También queda una advertencia para el presente. Cuando una publicación logra juntar tradición nacional y desarrollo universal, el debate público gana densidad. Y gana el país. La discusión intelectual no es ornamento. Es un activo cultural que ningún aparato estatal debería sustituir.



