MEXICO (Pulso) — Alejandro "Alito" Moreno, líder nacional del PRI, insistió este viernes al PAN en construir una coalición para las elecciones de 2027. El objetivo, dijo, es que la oposición gane la Cámara de Diputados.
Habló desde la sede nacional del PRI. Inauguraba la reunión plenaria de sus 12 senadores y 37 diputados federales, previo al periodo ordinario que inicia el 1 de septiembre.
"Lo más importante es que la oposición junta gane la Cámara de Diputados", afirmó. Buscaba frenar lo que llamó "la destrucción de las instituciones" por los gobiernos de la "Cuarta Transformación".
Reconoció que no hay diálogo nacional con el PAN. Pero aseguró que en los estados sí se negocian aproximaciones.
Moreno expresó respeto al dirigente panista Jorge Romero. Reconoció su apuesta por "la marca del PAN". Sin embargo, insistió: "las circunstancias han cambiado".
Acusó a Morena de fallarle a la gente. Dijo que la oposición tiene posibilidad real de ganar.
Sobre Enrique Inzunza, quien dejó la bancada de Morena pero mantiene el fuero como independiente, fue tajante: "es una burla para los ciudadanos, una farsa y una broma".
Llamó a todos los partidos opositores a formar un frente contra Morena. El objetivo, según Moreno: frenar "la impunidad" en políticos acusados de corrupción y vínculos con el crimen organizado.
Sobre un eventual desafuero en su contra, Moreno dijo no temer. "No hay nada jurídicamente válido", sostuvo. Lo calificó de estrategia para callarlo, persecución y venganza personal.
También criticó los nuevos Lineamientos para los Derechos de las Audiencias, aprobados por la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones. Aunque "acotados", los calificó como "un medio de control y autocensura" hacia medios y opositores.
El episodio confirma la fractura persistente en el bloque opositor mexicano, incapaz hasta ahora de traducir el descontento con el oficialismo en una candidatura unificada.
Mientras el PRI insiste en la urgencia de frenar a Morena en el Congreso, la amenaza de desafuero contra Moreno expone el riesgo de usar el aparato judicial como herramienta de presión política, algo que compromete el estado de derecho más allá de colores partidistas.


