VENEZUELA (Pulso) — La Fundación Color Esperanza elaboró este sábado una torta de ocho metros de largo por 1,20 de ancho en el municipio Sucre de Caracas. Unos 50 voluntarios participaron en la jornada, según confirmó a EFE la presidenta de la fundación, Marelisa Acevedo.
El objetivo: repartir unos 3.000 pedazos entre niños alojados en refugios, en la víspera del Día del Niño en Venezuela.
La torta lleva los colores de la bandera venezolana. La fundación ya había realizado un evento similar el año pasado, pero lo repitió esta vez ante la crisis humanitaria abierta por el doble terremoto del 24 de junio.
«No se trata del récord en sí mismo», señaló Wilman Villegas, miembro de la fundación. «Sino de llevar un pedazo de torta a cada niño que está en los refugios».
El doble sismo —magnitudes 7,2 y 7,5— golpeó el norte de Venezuela, en especial el estado La Guaira. El último balance oficial del viernes reporta 5.069 fallecidos y 16.740 heridos. Además, 21.235 personas permanecen en 107 campamentos transitorios.
El Gobierno informó el fin de semana pasado el inicio de un censo biométrico para cuantificar viviendas destruidas. Estima que podrían ser unas 25.000.
En medio de cifras que abruman, la iniciativa privada y la sociedad civil vuelven a ocupar el espacio que el Estado no cubre. Son voluntarios, no funcionarios, quienes llevan alivio concreto a los refugios. Esa diferencia importa: mientras el aparato oficial contabiliza daños y activa censos, son las fundaciones y los ciudadanos organizados quienes entregan, hoy, un trozo de normalidad a miles de niños desplazados.


