Venezuela necesita producir cuatro millones de barriles diarios. Esa es la tesis central del economista David Mendoza Yamaui, expuesta en el programa venezolano Puntos de Vista en junio de 2024.
El argumento es aritmético. En 2013, con 2,8 millones de barriles diarios y precios de tres dígitos, el PIB nominal de Venezuela alcanzó aproximadamente 370.000 millones de dólares, según el análisis. Hoy, con precios más moderados, solo un volumen de cuatro millones de barriles permitiría proyectar una economía de 400.000 millones de dólares. Eso equivaldría a un PIB per cápita de 10.000 dólares y un salario promedio de 400 dólares mensuales, según las cifras que el autor sostiene desde aquella presentación televisiva.
El problema, advierte Mendoza Yamaui, no es estatización versus privatización. Es la arquitectura institucional. El monopolio de PDVSA derivó en opacidad, despilfarro y procesamiento judicial de múltiples directivos. El autor cifra en más de 40.000 millones de dólares lo erogado en 2012 para influir en la contienda electoral, según su texto.
Ahora el riesgo es el inverso: que la apertura en curso reemplace ese monopolio estatal por un oligopolio privado de licencias discrecionales. Figuras como Mauricio Claver-Carone han formulado denuncias públicas en esa dirección, según recoge el artículo. El resultado sería concentración exportadora hacia el Golfo de México y abandono de mercados como India y China.
La propuesta alternativa se llama Apertura Petrolera Inclusiva y Transparente. Exige que cualquier actor —transnacionales, exploradores independientes o wildcatters— compita en igualdad de condiciones. El autor cita los casos de Noruega, Brasil, Guyana y Estados Unidos como modelos donde las licencias no se negocian en la opacidad.
Lectura de la casa. El diagnóstico de Mendoza Yamaui ilustra un principio que el libre mercado conoce bien: el monopolio estatal y el oligopolio de permisos son dos caras del mismo problema. Ambos suprimen la competencia, concentran la renta y eliminan al actor más dinámico: el emprendedor independiente. Venezuela no necesita elegir entre el Estado capturado y el cartel corporativo. Necesita reglas claras, abiertas y verificables. Sin eso, el ascensor productivo no sube.


