VENEZUELA (Pulso) — El chavismo y un sector opositor inician este sábado un diálogo político impulsado por Estados Unidos. El objetivo declarado: promover la democracia y encaminar al país hacia elecciones. Hora, lugar y composición de las delegaciones permanecen sin confirmar.
La negociación estará encabezada por Jorge Rodríguez, hermano de Delcy Rodríguez, por el lado chavista. La oposición será representada por Dinorah Figuera, presidenta de los legisladores que defienden la vigencia de la Asamblea Nacional elegida en 2015. Según el movimiento Unión y Cambio, Figuera estaría acompañada por Jorge Millán, Marco Aurelio Quiñones y Juan Miguel Matheus.
El partido Primero Justicia confirmó el viernes su participación, sin revelar nombres. Tampoco se conoce quiénes acompañarán a Rodríguez.
El chavismo señaló como objetivos el «fortalecimiento» de la democracia, atender las consecuencias del doble terremoto del 24 de junio y lograr el fin de las sanciones. El sector opositor lo define como un plan para «promover la estabilidad, la democracia y la recuperación nacional».
El proceso arranca sin María Corina Machado ni Edmundo González. Ambos afirmaron en un comunicado conjunto que no participaron en su «diseño, construcción y funcionamiento». Aclararon que no serán «obstáculo a ninguna iniciativa que produzca avances reales», pero la evaluarán con base en resultados concretos: liberación de presos políticos, garantías para todos los actores y un cronograma electoral presidencial.
Familiares de presos políticos planean protestar este sábado cerca de la Embajada de EE.UU. en Caracas. Exigen que la liberación de los detenidos sea el primer punto de la agenda. El chavista Frente Popular Antiimperialista también convocó a una protesta, esta vez contra el diálogo y el supuesto «injerencismo» de Washington.
El telón de fondo es la emergencia por los terremotos recientes: más de 5.500 muertos, al menos 16.740 heridos y cerca de 18.000 personas sin vivienda, según cifras oficiales.
Pulso Global observa: el hermetismo con que arranca este proceso no genera confianza. Un diálogo sin agenda pública, sin delegaciones confirmadas y sin los actores más representativos de la oposición luce más como gestión de imagen que como transición real. El criterio que importa es uno solo: resultados verificables para los venezolanos.


