MEXICO (Pulso) — Confirmado. La UNAM advirtió que México enfrenta vulnerabilidad significativa por su dependencia de los sectores automotriz y electrónico.
Raúl Vázquez López, investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, lo dijo sin rodeos. Los ámbitos automotriz y electrónico «abarcan casi la totalidad del comercio» del país. Si algo ocurre en esos sectores —o en Estados Unidos— la economía nacional queda «en jaque», según el documento.
El especialista pide una política económica transversal para conformar economías de escala. El argumento: al aumentar el volumen de producción, el costo por unidad baja. Resultado: mayor eficiencia, precios menores y más margen de beneficio.
Vázquez López también exige crear capacidades humanas en torno a tecnologías genéricas: computación, inteligencia artificial e ingenierías vinculadas a infraestructura. Esas habilidades, señala, pueden instalarse en distintos sectores a la vez.
El investigador cita modelos que funcionaron en China, Alemania, Holanda y Suiza —formación universitaria técnica— como referencia. Propone que migrantes mexicanos en Estados Unidos accedan a carreras cortas especializadas en ingeniería o computación. Así escalarían desde el sector servicios, donde «casi todos los connacionales laboran», hacia empleos mejor remunerados.
Un patrón productivo diversificado y ramificado, concluye, densificaría la estructura industrial y reduciría la exposición a choques externos.
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La advertencia llega tarde, pero llega. México lleva décadas apostando a la maquila y al ensamble sin construir cadenas de valor propias. El resultado es una economía rehén de decisiones tomadas en Detroit o en Silicon Valley. Ningún gobierno —incluido el actual— ha articulado la política industrial de largo plazo que el libre mercado necesita para funcionar: reglas claras, capital humano y competencia real. Mientras el aparato estatal prioriza el gasto corriente sobre la inversión en conocimiento, la ventana para subir en la cadena de valor se estrecha.


