VENEZUELA (Pulso) — Un mes después del doblete sísmico, Venezuela no cierra sus heridas. La tierra tembló primero a 7,2 de magnitud. Segundos después, regresó a 7,5. El resultado: 190 edificaciones colapsadas y 856 gravemente afectadas.
El gobierno de Nicolás Maduro reconoce 5.398 muertos, 16.740 heridos y 17.907 damnificados. Nadie en el país acepta esa cifra como definitiva. La iniciativa civil Desaparecidos del Terremoto de Venezuela reporta que un mes después no se ha establecido contacto con 29.483 personas. Distintas fuentes de los cuerpos de seguridad, según La Patilla, temen que la cifra final de fallecidos se ubique entre 15.000 y más de 20.000.
En Tanaguarenas, estado La Guaira, los escombros de las torres de la OPP 25 siguen sin despejarse del todo. José Fontes, de 58 años, sobreviviente, relata que perdió a 11 familiares cuando colapsó la torre. «Sólo hemos podido sacar siete cuerpos», declaró. Cinco de los desaparecidos son niños.
El Banco Mundial publicó su estimación de daños materiales directos: más de 19.600 millones de dólares. La distribución: edificios residenciales, 9.300 millones; infraestructuras como hospitales y escuelas, 5.200 millones; edificios no residenciales, 5.000 millones. Las réplicas acumulan ya 1.463 desde el primer sismo.
La tragedia expone una constante del régimen bolivariano: la opacidad ante las crisis. Un aparato estatal que minimiza cifras mientras centenares de familias buscan cuerpos bajo toneladas de cemento no merece crédito institucional. El Banco Mundial tuvo que suplir la ausencia de datos confiables del propio gobierno. La brecha entre los 5.398 muertos oficiales y los hasta 20.000 que temen las fuentes de seguridad no es un error técnico. Es, según los indicios disponibles, una decisión política. Los damnificados lo saben. Y no lo olvidan.


