CHILE (Pulso) — Washington, D.C. / Santiago. Confirmado. Donald Trump impuso un arancel adicional de 12,5% a exportaciones chilenas. La medida forma parte de una ofensiva comercial contra 60 economías.
El argumento de Washington: «esfuerzos insuficientes para combatir el trabajo forzoso». Chile mantiene un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos vigente desde hace más de dos décadas.
Los sectores golpeados, según la Democracia Cristiana: salmonicultura, fruticultura, vitivinicultura y madera. Todos generan miles de empleos en regiones.
La DC emitió una declaración pública este lunes. Calificó la medida de «contradictoria» frente al TLC vigente. Acusó que la cercanía política del gobierno de José Antonio Kast con Trump «no se ha traducido en trato preferente ni en protección frente a los intereses de Washington».
Según el partido, el nuevo gravamen «incrementa la incertidumbre para el sector exportador» y «debilita la confianza de los inversionistas». Afirmaron además que «la afinidad ideológica con un gobierno extranjero no sustituye una política exterior basada en principios, instituciones y diversificación de alianzas».
La DC instó al Ejecutivo a agotar las instancias de diálogo y negociación bilateral. Llamó a «actuar con firmeza y unidad nacional».
Lectura editorial. El hecho central es claro: un arancel unilateral rompe la previsibilidad que el libre comercio promete. Que Washington aplique el gravamen pese al TLC es una señal de que los acuerdos comerciales pueden quedar subordinados a la política interna estadounidense. Eso es un problema de institucionalidad comercial global, no solo chileno.
Lo que sí corresponde debatir es si la política exterior de un país debe construirse sobre diversificación real de mercados y reglas claras, antes que sobre afinidades circunstanciales. Chile exporta bajo TLC; ese marco jurídico debe defenderse con instrumentos concretos, no con declaraciones. El gobierno de Kast tiene ahora la oportunidad de demostrarlo en la mesa de negociación.


