COLOMBIA (Pulso) — La Arena USC de Cali fue el escenario. Este viernes 7 de agosto, Abelardo De La Espriella asumió la presidencia de Colombia para el periodo 2026-2030.
El momento más emotivo llegó primero. El presidente del Senado, Honorio Henríquez, recordó a Miguel Uribe Turbay. El recinto respondió de pie con un aplauso prolongado.
«Hace apenas un año, el país volvió a sentir el dolor que produce la violencia política», dijo Henríquez según las fuentes. «El magnicidio de mi amigo y copartidario Miguel Uribe Turbay». Uribe Turbay fue víctima de un atentado el 7 de junio de 2025. Falleció el 11 de agosto de ese año tras intervenciones en la Fundación Santa Fe de Bogotá.
Henríquez fue directo: «Que nunca más una idea política valga una vida».
El segundo momento alteró el protocolo antes del juramento. El expresidente Álvaro Uribe Vélez ingresó a la Arena USC. La recepción fue inmediata y masiva, según El Colombiano. Aunque no tuvo papel formal, su presencia fue interpretada como gesto de cercanía con el nuevo gobierno.
El tercer protagonista fue Javier Milei. El presidente argentino, invitado de honor, recibió una fuerte manifestación de entusiasmo al ingresar al recinto. Milei ha sido referencia visible de De La Espriella en temas de reducción del Estado y libre mercado, según las fuentes.
Entre los asistentes internacionales también estuvieron el rey Felipe VI de España, el presidente de Chile José Antonio Kast, el presidente de la FIFA Gianni Infantino y el fiscal interino de Estados Unidos Todd Blanche.
José Manuel Restrepo se posesionó como vicepresidente. Reemplaza a Francia Márquez, quien terminó su mandato entre fuertes críticas.
Henríquez pidió trabajar contra la corrupción. «El país reclama una democracia más madura», afirmó según las fuentes.
Pulso Global observa: Colombia estrena gobierno con una señal inequívoca. El libre mercado, la memoria de una víctima del terrorismo político y la figura del uribismo concentraron la energía del recinto. La agenda que De La Espriella prometió —seguridad, descentralización, reducción del aparato estatal— encontró en Cali su primer escenario simbólico. El contraste con cuatro años de petrismo no necesitó palabras: bastaron los aplausos.


