CHILE (Pulso) — Distintos sectores de la zona central de Chile quedaron anegados tras el intenso temporal de la semana pasada. Los pronósticos anticipan escenarios similares en lo que resta del invierno.
El Dr. Marcello Sorbo, coordinador de pediatría de la Clínica Ciudad del Mar, identificó tres amenazas principales para la salud.
Agua contaminada en calles. «El agua cuando se mezcla con el agua del alcantarillado arrastra todo lo que está depositado sobre la calle. Se contamina con material fecal», advirtió el especialista. El contacto directo puede provocar diarrea aguda o gastroenteritis por norovirus, rotavirus y salmonella. También daña la piel si hay heridas o erosiones expuestas. Recomendación: botas de agua, parka impermeable y lavado con agua limpia y jabón.
Humedad en viviendas. Las filtraciones favorecen el crecimiento de hongos y ácaros. Según Sorbo, son «alérgenos potentes», especialmente para niños asmáticos. Los síntomas más comunes: tos nocturna, sibilancias y congestión persistente. La solución es ventilar a diario y secar muros, ropa y ropa de cama.
Agua potable y cadena de frío. Ante cortes de suministro, el médico recomienda sospechar contaminación: «Se sobrecargan los embalses con agua de arrastre que puede superar los estándares de calidad». Indicación: hervir el agua antes de consumirla y no tomarla directamente de la llave. Los alimentos lavados con agua no tratada deben descartarse o volver a lavarse. Además, los cortes de luz rompen la cadena de frío y favorecen el desarrollo bacteriano en refrigeradores.
Confirmado. Estas alertas llegan mientras los sistemas frontales mantienen activa la amenaza sobre la zona central.
Los riesgos descritos recaen desproporcionadamente sobre familias en viviendas precarias, sin acceso inmediato a agua embotellada ni a infraestructura sanitaria robusta. La prevención depende aquí de información clara y oportuna, no de mayor gasto público. Cada temporada invernal expone la misma brecha: la infraestructura de alcantarillado y suministro hídrico no resiste eventos extremos. El costo lo pagan los ciudadanos con su salud.


