VENEZUELA (Pulso) — José David Cabello dejó —o le arrebataron— la dirección del Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria (SENIAT). Ocupó el cargo desde 2008. Son casi dos décadas al frente de aduanas, puertos y aeropuertos venezolanos.
El columnista José Gregorio «El Gato» Briceño, desde el exilio, describe la salida como «un misil directo a la línea de flotación de la estructura de poder que sostiene a Diosdado Cabello». Según el análisis publicado en La Patilla, quitarle el control de las aduanas a la familia «no parece un premio por buena conducta».
El texto documenta que, bajo la gestión de José David Cabello, los fiscales del SENIAT aplicaron lo que el columnista llama «extorsión pedagógica» contra comerciantes e industriales. Clausuras exprés y multas impagables eran, según Briceño, el mecanismo para disciplinar al sector privado.
El artículo también señala que, en la campaña previa a las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024, el SENIAT clausuró hoteles, restaurantes y puestos de comida donde la líder opositora María Corina Machado se detenía. Briceño lo califica de «persecución dantesca».
Informes internacionales, según cita el columnista, «sugerían» que por las aduanas venezolanas «fluían toneladas de mercancía blanca y polvorienta». El texto vincula esa dinámica al llamado «Cartel de los Soles». La atribución es del autor; Pulso Global la recoge como señalamiento de tercero.
Briceño concluye que el movimiento forma parte de «un plan de transición» impulsado desde Washington.
Lectura editorial. Durante casi veinte años, la libre empresa venezolana pagó el costo de tener al Estado como extorsionador institucionalizado. El SENIAT no recaudaba: administraba obediencia. La salida de Cabello no restaura por sí sola el Estado de derecho, pero sí confirma que ninguna franquicia sobre el dinero público es eterna. El contribuyente venezolano merece un fisco que cobre impuestos, no que cobre pleitesía.


