COLOMBIA (Pulso) — Johan Mojica es tendencia. No por lo que hizo en la cancha, sino por lo que escribió en redes sociales.
Un aficionado comentó una fotografía del defensor con ironía: «Hazte un curso de Word para que aprendas a centrar». Mojica respondió sin rodeos: «Está bien, quizás no sé centrar, pero sí sé hacer plata, cosa que usted no sabe hacer. Siga centrando bien que yo sigo facturando».
La respuesta se viralizó. Miles de interacciones. Dos bandos claros: quienes defienden el derecho del jugador a responder ofensas, y quienes consideran que un profesional debe evitar confrontaciones públicas con la afición.
No es el primer episodio. Meses atrás, en España, varios aficionados abordaron a Mojica a la salida de un partido del Mallorca. Le expresaron su inconformidad por el rendimiento del equipo. Un seguidor lo acusó de haberse reído durante el partido. Mojica lo negó y pidió respeto. La conversación, registrada en video, terminó sin mayores consecuencias, pero volvió a alimentar el debate.
Los dos episodios forman un patrón. En la era de las redes sociales, cualquier respuesta de un futbolista se amplifica en minutos y se convierte en tema de discusión nacional.
En desarrollo.
Desde Pulso Global, el caso ilustra una tensión real del deporte profesional moderno: el acceso directo entre ídolos y afición puede convertirse en un campo minado. El jugador tiene derecho a defenderse. Pero la frase de Mojica, más que una defensa, fue una provocación. En un entorno donde la imagen es parte del contrato, ese tipo de respuesta tiene costos. No deportivos, sino reputacionales. Y esos también se cotizan.


