El mercado de predicciones Polymarket registró un movimiento sostenido en doce semanas. Milei bajó del 65% al 54% de probabilidades de triunfo. Kicillof subió del 25% al 43%. Los demás candidatos cayeron al 3% combinado.
Polymarket no mide preferencia. Mide expectativa de poder: los apostadores invierten dinero real en quien creen que ganará, no en quien desean.
La plataforma registró aciertos recientes. Inclinó por Trump cuando los modelos lo daban empatado. Sostuvo a Abelardo de la Espriella en Colombia; la diferencia final fue de 250.000 votos. Anticipó a Keiko Fujimori en Perú en una carrera resuelta por 0,27 puntos.
El dato de fondo lo aporta Methodo. Milei acumula 61% de rechazo. Kicillof, 55%. Ambos cargan mayorías negativas y, aun así, son los únicos con viabilidad reconocida por el mercado.
El estudio de Methodo identifica tres bloques. Un núcleo de La Libertad Avanza cercano al 24%. Un electorado kirchnerista próximo al 19%. Y un 57% definido como «electorado en modo avión»: desconectado deliberadamente, no indiferente.
Ese bloque mayoritario aparece cuando algo lo afecta directamente: el sueldo, el trabajo, la seguridad. Luego vuelve a desconectarse. No busca política. Hay que ir a buscarlo.
El artículo de Patricio Hernández en La Nación señala que los algoritmos refuerzan esa desconexión. Quien dejó de consumir política recibe menos política. Un candidato nuevo no solo compite contra Milei y Kicillof; compite contra 20.000 estímulos diarios y contra un sistema calibrado para mostrar lo conocido.
Milei ya era personaje antes de llegar a la Casa Rosada. Kicillof fue ministro, diputado y hoy gobierna la provincia más poblada. Los dos cruzaron el umbral de visibilidad hace tiempo. Nadie más muestra, según el análisis, el mismo apetito por intentarlo.
Lectura de Pulso Global. Los números de Methodo y Polymarket describen un sistema político capturado por dos minorías intensas mientras la mayoría desconectada espera. Esa mayoría no es rehén del entusiasmo: puede premiar resultados o castigar abusos. Para el electorado que valora el rumbo fiscal y la libre empresa, la señal es clara: el ajuste de Milei necesita traducirse en mejora tangible antes de que ese 57% decida volver a mirar. El malestar existe. La brecha entre malestar y poder, por ahora, sigue abierta.


