COLOMBIA (Pulso) — Gustavo Petro tiene las horas contadas en la Casa de Nariño. No las está usando para traspasar el poder en silencio.
En menos de 24 horas publicó una decena de mensajes en X. Todos en el estilo que marcó su mandato: más enredados que claros, según el reporte de El Colombiano.
El fraude que nadie ha probado. Petro afirmó que «la primera certeza que debe tener el pueblo es que Iván Cepeda ganó la presidencia». Sostuvo que «las elecciones se las robaron los israelíes adinerados dirigidos por un genocida» y que la manipulación afectó «1.665 puestos electorales ya detectados». No presentó documentación. Llamó al gobierno de Abelardo de la Espriella «ilegítimo» y convocó a «acordar formas organizativas de la sociedad hacia el poder popular».
Milicias de salida. Ante hechos de violencia en el Cauca, Petro pidió al movimiento indígena, campesino y estudiantil «organizar las guardias libertadoras para contrarrestar a los asesinos». Describió esas estructuras como «formas de milicia popular» que actuarían en coordinación con las comunidades y, en algunos casos, con la Fuerza Pública. Agregó que «si las guardias libertadoras solo obedecen al pueblo de sus territorios, no hablamos de un nuevo paramilitarismo».
Cuatro años de X como tribuna. Desde esa red anunció decisiones de gobierno, respondió contradictores y obligó a ministros a salir a aclarar sus mensajes. Esa dinámica no se detuvo. También cuestionó el retiro espiritual del nuevo gabinete y defendió la libre circulación global de personas.
Esto es lo que se sabe.
Pulso Global observa: un presidente saliente que llama a crear milicias populares y denuncia fraude sin evidencia no está haciendo oposición legítima. Está sembrando deslegitimación institucional en su último tramo. El aparato estatal que Petro manejó cuatro años pasa a manos de De la Espriella con esa carga política flotando. El costo lo pagará la gobernabilidad colombiana, no el expresidente.


