PERÚ (Pulso) — Perú restauró su sistema bicameral el 24 de julio. Juraron 60 senadores y 130 diputados electos en abril para el periodo 2026-2031.
El modelo estuvo suspendido 34 años. La Constitución de 1993, impulsada por Alberto Fujimori tras el autogolpe del 5 de abril de 1992, lo eliminó. Ahora regresa.
La reforma fue aprobada por el propio Congreso unicameral en 2024. No hubo referéndum. El acuerdo entre sus miembros fue suficiente.
Dos cámaras, roles diferenciados. La Cámara de Diputados origina la mayoría de proyectos de ley. El Senado los revisa y aprueba. Además, el Senado elige al Defensor del Pueblo, magistrados del Tribunal Constitucional y tres miembros del directorio del Banco Central de Reserva. También ratifica tratados internacionales y autoriza los viajes presidenciales al exterior.
Sin mayoría absoluta. Seis partidos tienen representación parlamentaria. Ninguno domina ninguna cámara. Fuerza Popular lidera el bloque oficialista con 22 senadores y 41 diputados.
Mesa Directiva en disputa. El 26 de julio ambas cámaras eligieron sus Mesas Directivas. En el Senado compitieron el senador Miguel Ángel Torres, de Fuerza Popular, y el senador Daniel Barragán, del Partido Cívico Obras. El bloque estaba dividido en exactamente 30 senadores por cada lado. En Diputados, la diputada Norma Yarrow de Renovación Popular y el diputado Óscar Reto del Partido del Buen Gobierno disputaron la presidencia de esa cámara.
Lectura editorial. El retorno a la bicameralidad introduce un contrapeso institucional que Perú no tenía desde 1992. Dos cámaras con funciones separadas dificultan la concentración de poder en una sola instancia. Ese freno es sano para la estabilidad y el estado de derecho. El escenario de empate parlamentario, sin embargo, también puede derivar en parálisis legislativa. La calidad del nuevo equilibrio dependerá de si los bloques priorizan el interés institucional o el cálculo electoral de corto plazo.


