ARGENTINA (Pulso) — El peronismo bonaerense acelera su fractura interna. En cinco distritos clave suman 2.857.350 electores, según el relevamiento de LA NACION. La pelea ya tiene nombres.
Morón. El intendente Lucas Ghi, alineado con Kicillof, enfrenta al exintendente Martín Sabbatella, enrolado con Cristina. «Va a haber interna, PASO, o lo que haya, pero Sabbatella va a ser candidato sí o sí», confirmaron desde ese campamento. Ghi no definió su postulación.
Lanús. El intendente camporista Julián Álvarez ya tiene rival kicillofista. Agustín Balladares, asesor del Ministerio de Gobierno provincial, recorre barrios con discurso de seguridad y marcó diferencias públicas con La Cámpora local.
La Matanza. El distrito más pesado electoralmente: 1.223.009 electores. El camporista Facundo Tignanelli apunta al intendente Fernando Espinoza y a la vicegobernadora Verónica Magario. «Es lamentable que se hayan alejado de Cristina», declaró el jueves. Desde el massismo, Fernando Asencio también se perfila.
General Pueyrredón. El peronismo no gobierna, pero ya disputa. La camporista Fernanda Raverta y el kicillofista Gustavo Pulti se preparan para competir en el distrito que hoy conduce el PRO.
El diputado Máximo Kirchner subió la temperatura el jueves en Carmen de Areco. «Entendemos que es la mujer más capacitada», dijo sobre Cristina. El jefe del bloque peronista bonaerense, Tignanelli, comparó a los alineados con Kicillof con el vandorismo histórico.
Esto es lo que se sabe: el aparato kirchnerista y el gobernador Kicillof van a elecciones de medio término en guerra abierta. Para los distritos en juego, la consecuencia es directa: gestiones paralizadas, intendentes cuestionados desde adentro y recursos del Estado provincial convertidos en munición electoral. El ciudadano que paga impuestos en La Matanza o Lanús financia estructuras que hoy compiten entre sí por el poder, no por resultados. La fragmentación del peronismo bonaerense abre espacio, pero solo si la oposición presenta alternativas concretas de gobierno.


