CHILE (Pulso) — Detectives de la Brigada de Investigación Criminal (Bicrim) de Peñaflor detuvieron en flagrancia a un ciudadano peruano buscado desde hace meses. El sujeto había sido identificado previamente en reportajes televisivos.
Uno de los funcionarios lo reconoció mientras la unidad se desplazaba por la comuna. Los detectives observaron la escena. Confirmaron que el hombre acababa de sustraer un teléfono celular.
Según el subprefecto Mauricio Bustos, jefe de la Bicrim Peñaflor, el aparato estaba sobre el tablero de un vehículo detenido con la ventana abierta. El sujeto introdujo un brazo para tomarlo. No advirtió, en un primer momento, que una menor estaba al interior del automóvil.
«Esto inmediatamente lo hizo actuar de otra manera y, aprovechando la envergadura de su cuerpo, logra intimidar a esta niña, dándose a la fuga», declaró Bustos según la fuente.
Los detectives interceptaron al hombre mientras escapaba. Minutos después llegó el padre de la menor. Se acercó a los funcionarios y al detenido tras hablar con su hija.
Durante el procedimiento fue detenido un segundo individuo. Esperaba al primero en un vehículo. En ese automóvil se encontraron el celular sustraído y $300 mil en efectivo.
Bustos explicó que este tipo de delincuentes «prospectan un escenario» y buscan zonas sin cámaras ni testigos. La PDI informó el procedimiento al Ministerio Público.
El Juzgado de Garantía de Talagante decretó prisión preventiva para el ciudadano peruano detenido en flagrancia.
En desarrollo.
El caso ilustra una realidad que el aparato estatal chileno arrastra sin solución: delincuentes reincidentes, ya expuestos públicamente, que continúan operando. La captura ocurrió gracias a la memoria de un detective, no a un sistema de alerta institucional. Eso dice todo sobre las brechas del modelo actual de seguridad pública.


