PARAGUAY (Pulso) — Asunción, jueves. El gobierno de Santiago Peña convocó al embajador de Brasil en Asunción, José Antonio Marcondes de Carvalho. El objetivo: entregarle una nota formal de protesta.
El detonante fue una declaración de Luiz Inácio Lula da Silva. El mandatario brasileño sostuvo que «un buen día, Paraguay decidió invadir Brasil». Las palabras fueron emitidas durante una visita a la empresa de defensa Avibras Aeroco, en el interior de São Paulo. El contexto era un argumento sobre el presupuesto de las fuerzas armadas brasileñas.
La referencia alude a la Guerra de la Triple Alianza, conflicto ocurrido entre 1864 y 1870. Las declaraciones generaron reacciones del Poder Ejecutivo, el Senado, la Cámara de Diputados y dirigentes de distintos sectores políticos paraguayos.
El canciller Ramírez presidió el encuentro con el diplomático. Estuvo presente también el vicepresidente Pedro Alliana. Ramírez transmitió la postura oficial: «Tengan por seguro que el gobierno del presidente Santiago Peña y esta Cancillería nacional siempre defenderemos los más altos intereses del Paraguay en todos los ámbitos».
Tras una conversación telefónica calificada como «delicada» entre ambos presidentes, el canciller añadió que «la dignidad de Paraguay no se negocia».
El canciller aclaró, no obstante, que Paraguay y Brasil se mantienen como socios estratégicos. La nota busca resguardar intereses nacionales, no romper el vínculo bilateral.
El episodio se produce en un momento de tensión más amplia en el Mercosur. El bloque discute cuotas de exportación en el marco del acuerdo con la Unión Europea. Paraguay presiona por mayor flexibilidad e incremento en los cupos para sus productos. Según la fuente, de no resolverse antes de finales de septiembre, el manejo de exportaciones para 2027 quedaría bajo «la ley de la selva».
Lectura de Pulso Global. La firmeza de Asunción es la respuesta correcta. Un socio comercial no reescribe la historia del otro para justificar su gasto militar. El aparato diplomático brasileño cosecha hoy lo que siembra su retórica: desconfianza regional justo cuando el Mercosur necesita unidad negociadora frente a la UE. Paraguay defiende su soberanía por la vía institucional. Eso es exactamente lo que debe hacer un Estado serio.


