PANAMÁ (Pulso) — Este domingo 19 de julio se conmemora el Día del Niño y la Niña en Panamá. La fecha expone una grieta urbana concreta.
Según un análisis publicado en La Prensa, el corregimiento de Cerro Silvestre, en la provincia de Panamá Oeste, registra alta concentración de viviendas unifamiliares y densidad poblacional en aumento. Los registros censales confirman miles de familias en un esquema residencial compacto. Sin embargo, las matrices de infraestructura y zonificación revelan ausencia de equipamientos recreativos.
La respuesta de los propios residentes es directa: «No los hay». Los únicos puntos visibles de recreación infantil son complejos comerciales privados, como espacios temporales en Burunga o juegos en plazas del distrito de La Chorrera. Para acceder a parques dignos, los padres trasladan a sus hijos hasta la ciudad de Panamá.
El análisis, firmado por un arquitecto especialista en ordenamiento territorial, señala que los instrumentos de planificación local operan como meros trámites de zonificación. No exigen dotación de suelos públicos para recreación dentro de las áreas vecinales.
La propuesta concreta: revisar las matrices de ordenación urbana de Panamá Oeste e incorporar indicadores vinculantes de equipamiento comunitario. El objetivo es descentralizar espacios públicos con juegos interactivos y entornos seguros.
Lectura de la casa. El problema no es de recursos: es de prioridades del aparato de planificación estatal. Cuando la burocracia territorial reduce su rol a sellar zonificaciones, el vacío lo llena el sector privado, que no tiene obligación de sustituir al Estado. Panamá Oeste ilustra el costo social de un ordenamiento que privilegia la rentabilidad del suelo sobre la infraestructura básica. Exigir dotación pública de espacios recreativos como condición de aprobación urbanística es, precisamente, una función legítima del Estado limitado: reglas claras, no gasto discrecional.


