COLOMBIA (Pulso) — Paloma Valencia Laserna obtuvo el 6,92% de los votos en la primera vuelta del 31 de mayo. Quedó tercera. Quedó fuera del balotaje del 21 de junio.
En ese balotaje, Abelardo de la Espriella derrotó a Iván Cepeda, delfín político de Gustavo Petro. Valencia había apoyado a De la Espriella tras su eliminación.
«La gente en Colombia estaba muy cansada del gobierno de Gustavo Petro», declaró la senadora a La Tercera. Identificó cuatro crisis como legado del gobierno saliente.
Seguridad. Según Valencia, la política del gobierno fue «permisiva con el narcotráfico». Eso permitió, afirma, que grupos ilegales tomaran territorio y que aumentaran el secuestro, el homicidio y el reclutamiento de menores. Recordó que en 50 años Colombia acumula más de 500 mil asesinados vinculados al narcotráfico.
Finanzas públicas. Valencia señala que el gobierno deja la deuda aumentada en un 40%, con «gasto del Estado desbordado» y presupuesto «absolutamente inflexible».
Sistema de salud. Colombia era, según la legisladora, uno de los sistemas de salud más robustos del continente. Hoy, afirma, varias entidades prestadoras están en bancarrota y los pacientes no consiguen medicamentos ni citas.
Soberanía energética. Valencia advierte que, tras frenar la explotación de petróleo y gas, Colombia importa gas un 40% más caro. Agrega que el país no cuenta con regasificadoras suficientes y que, ante un fenómeno de El Niño, podría enfrentar un apagón. Más de la mitad de la matriz energética depende del agua, según su diagnóstico.
Sobre su propia derrota, Valencia apuntó al «fenómeno del voto útil» y a «ataques» con «muchas mentiras» y «bots» en redes sociales durante los últimos diez días de campaña.
Anunció su retiro del Senado tras 12 años (2014-2026), pero descartó abandonar la política. Trabajará desde el Centro Democrático de cara a elecciones regionales y en el sector privado.
Pulso Global observa: el resultado del balotaje colombiano refleja el costo electoral de un ciclo de expansión estatal sin resultados. Las cuatro crisis descritas por Valencia —seguridad, deuda, salud y energía— son el inventario clásico de lo que ocurre cuando el Estado crece a expensas del mercado y la inversión privada. De la Espriella hereda un país con cuentas deterioradas y una ciudadanía que votó por orden, no por ideología.


