NICARAGUA (Pulso) — Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, respaldó este domingo a Nicolás Maduro. Lo hizo en el acto oficial por el 47 aniversario de la revolución sandinista.
Ortega, de 80 años y en el poder desde 2007, calificó de «monstruosidad» la operación estadounidense que detuvo a Maduro en Caracas en enero. Según el mandatario sandinista, fuerzas de EE.UU. «asaltaron la Casa Presidencial», mataron a escoltas cubanos y trasladaron a Maduro a Nueva York.
Maduro enfrenta allí un proceso por cargos de narcoterrorismo, entre otros delitos, según fuentes oficiales.
Ortega acusó a las «fieras diabólicas» de querer «dominar los pueblos para robarles sus riquezas». También criticó a los organismos internacionales por no pronunciarse sobre la situación del depuesto mandatario venezolano.
Además, el sandinista aludió a cubanos en el exilio que, según él, piden a Washington una intervención militar en Cuba contra Raúl Castro.
En abril pasado, Ortega ya había tildado a Trump de «desquiciado mental» por «secuestrar» a Maduro. El giro retórico contrasta con la postura que Ortega y su esposa Rosario Murillo habían mantenido tras la captura: evitar confrontación con EE.UU. e incluso liberar presos políticos, en apariencia para no atraer la atención de Washington sobre Nicaragua.
Lectura editorial. Ortega abandona el perfil bajo y se alinea abiertamente con el eje Caracas-La Habana. El cálculo es revelador: dos dictadores que sobreviven a costa de sus pueblos se cubren mutuamente ante la justicia de una democracia. Maduro no está preso por una disputa geopolítica; enfrenta cargos de narcoterrorismo. Llamar «monstruosidad» a un proceso judicial es, en rigor, defender la impunidad del crimen organizado enquistado en el Estado. El libre mercado y el estado de derecho tienen enemigos declarados. Ortega acaba de recordarlo.


