NICARAGUA (Pulso) — Daniel Ortega lo dijo sin rodeos. «Aquí no volverán a haber elecciones para que por allí intenten ellos atrapar el Gobierno, atrapar el poder», declaró este domingo en Managua.
El discurso ocurrió durante el acto por el 47 aniversario de la revolución sandinista. Ortega, de 80 años, gobierna Nicaragua desde 2007.
Anunció que trabajará con la Asamblea Nacional —subordinada a la Presidencia— para legislar «un muro, un bloque» contra opositores. Acusó a estos de recibir «plata de los yanquis» para recuperar el poder.
Desde febrero de 2025, Nicaragua opera bajo una reforma constitucional profunda. La enmienda eliminó el balance de poderes, amplió el período presidencial de cinco a seis años y creó la figura de «copresidenta» para Rosario Murillo, esposa de Ortega.
La reforma fue criticada por la ONU, la OEA, Estados Unidos y el Parlamento Europeo. En enero pasado, el Departamento de Estado acusó a Murillo de haberse «inventado» el cargo «sin elecciones, sin mandato y sin legitimidad». Agregó que «el poder basado en la represión y la manipulación constitucional no es la voluntad del pueblo».
En teoría, Nicaragua debería celebrar elecciones generales en noviembre de 2026. La reforma las desplazaría a noviembre de 2027. Ahora el propio Ortega descarta cualquier proceso.
Lectura de Pulso Global. Lo ocurrido en Managua no es una declaración política ordinaria: es la liquidación formal del sufragio como mecanismo de control ciudadano. Un aparato estatal reformado a medida, sin contrapesos ni poderes independientes, consolida una dinastía conyugal. El costo lo pagan los nicaragüenses que perdieron el derecho al voto. La comunidad internacional lleva meses advirtiendo; Ortega acaba de confirmar que las advertencias no le importan.


