NICARAGUA (Pulso) — Un grupo de siete países de la OEA suscribió una declaración conjunta. Expresaron su «profunda preocupación» por las declaraciones del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, sobre suprimir las elecciones.
Los firmantes son Antigua y Barbuda, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Jamaica, República Dominicana y Uruguay. Reafirman que la democracia requiere pluralismo político y elecciones multipartidistas genuinas.
El texto es directo: «unas elecciones sin una competencia política genuina no pueden constituir una expresión libre y democrática de la voluntad popular». La declaración señala que tales medidas violan la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
El detonante fue un mitin del 19 de julio. Ortega declaró que en Nicaragua «no volverán a haber elecciones para que por allí intenten ellos (oposición) atrapar el gobierno, atrapar el poder».
Días después, el presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras, matizó. Dijo que sí habrá comicios, pero tras una reforma constitucional que excluya a «los traidores de la patria», en referencia a la oposición.
Ortega, de 80 años, gobierna desde 2007. Las fuentes documentan acusaciones de fraude electoral, persecución política y eliminación de rivales. Nicaragua abandonó formalmente la OEA en 2023.
El Consejo Permanente de la OEA sesiona mañana. Analizará la situación nicaragüense y la posible convocatoria de una reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores.
Pulso Global observa lo evidente: Ortega no suprime elecciones por descuido. Las suprime porque las pierde o teme perderlas. Llamar «traidores» a quienes compiten es el lenguaje clásico del autoritarismo que se perpetúa en el poder. La declaración de estos países es un registro moral necesario. Pero sin mecanismos de presión reales, Managua seguirá ignorando a un organismo del que ya se fue.


