PANAMÁ (Pulso) — Confirmado. Edward A. Murphy Jr. nació en la Zona del Canal de Panamá en 1918, según recoge La Prensa. El ingeniero aeroespacial estadounidense participó años después en experimentos de la Fuerza Aérea de Estados Unidos sobre los efectos de la aceleración en el cuerpo humano.
Fue en 1949 cuando surgió la frase. Un técnico instaló incorrectamente unos sensores. Murphy observó, según la fuente, que «si existía una manera de hacer algo mal, alguien terminaría haciéndolo». La expresión viajó más lejos que cualquier experimento.
La frase popular quedó así: «Si algo puede salir mal, saldrá mal». Pero Murphy nunca buscó crear una filosofía del pesimismo. Su mensaje era práctico: anticipar la falla posible. Los buenos sistemas se diseñan para cuando algo falle, no asumiendo que nada fallará.
El humor popular multiplicó la ley en versiones que todos reconocen. La fila de al lado avanza más rápido. El documento aparece en la última carpeta. El celular muere justo antes de la llamada más importante.
La columna de La Prensa extrae cuatro lecciones del legado de Murphy: humildad ante la imperfección, prevención como hábito, capacidad de adaptación y, «quizá la más panameña de todas», no perder el sentido del humor.
Esto es lo que se sabe.
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Desde Pulso Global, el dato tiene más fondo que el anecdotario. Murphy no diseñó una excusa para el fatalismo; diseñó un argumento para la ingeniería robusta y la gestión de riesgos. Eso es libre empresa en su forma más elemental: prever el costo del error antes de que ocurra, no socializarlo después.
Panamá, tierra de tránsito y logística global, tiene razones propias para reivindicar ese principio. Un canal que no puede fallar. Una economía que vive de la confiabilidad. Si Murphy nació aquí, la lección lleva dirección de retorno: prevención, no queja.


