ARGENTINA (Pulso) — Javier Milei profirió graves improperios en San Pablo contra el presidente de Brasil y un juez del Superior Tribunal Federal de ese país. Así lo documenta una columna publicada este domingo en La Nación.
Un día después, según la misma fuente, Milei arremetió contra José Ignacio De Mendiguren —exministro de Eduardo Duhalde— en el predio ferial de Palermo.
En su cadena nacional del jueves, el mandatario calificó de «estafadores» y «falsificadores de dinero» a los políticos que manejaron el Banco Central desde 1935. Acusó puntualmente a Cristina Kirchner de haber «robado» de esa institución 10.000 millones de dólares para crear el Fondo del Bicentenario.
El canciller Pablo Quirno participó del episodio de San Pablo de manera entusiasta, según el texto. Fuente: columna de Pablo Sirvén en La Nación. Quirno declaró después que los dichos de Milei no afectan las relaciones institucionales entre ambos países.
Ministros brasileños escalaron el altercado. Calificaron a Milei de «payaso» e «imbécil». Lula respondió con humor: «¿Quién es ese tipo?». Llamó «payasada» y «disparate» a la conducta del mandatario argentino.
En la misma semana, Milei firmó lo que la columna describe como el «impracticable» DNU que persigue expulsar —o no dejar entrar al país— a quienes emitan mensajes de odio contra la República Argentina, sus símbolos patrios y sus ciudadanos. La fuente señala que ese decreto «lo incriminaría a él» si estuviera vigente en otras naciones.
La diputada Lilia Lemoine sostuvo que «entre dos presidentes se insulten es esperable». La columna rechaza esa tesis: los mandatarios no se representan a sí mismos, sino a sus naciones.
Lectura editorial. Un jefe de Estado que insulta al líder de su principal socio en el Mercosur no ejerce soberanía: la desgasta. El libre mercado necesita previsibilidad diplomática; los inversores miran también el tono del poder. Firmar un DNU contra el «odio» mientras se prodigan los improperios desde la Casa Rosada no es coherencia liberal: es regulación selectiva. El principio en juego es simple —las instituciones valen más que el temperamento de quien las ocupa— y Milei, en esta semana, lo puso en tensión.


