ARGENTINA (Pulso) — El presidente Javier Milei trabaja en un proyecto de shutdown de adaptación local. Lo hace junto a sus ministros Federico Sturzenegger y Luis Caputo, y al titular del Banco Central, Santiago Bausili.
El mecanismo se activaría cuando el Estado entre en déficit. «Antes de que haya déficit, el Estado cierra», definió un funcionario, según LA NACION.
Milei lo explicó en radio El Observador: «Usted hace un Presupuesto, nosotros por ley con déficit cero. Cuando se agota el Presupuesto, automáticamente se apaga el Estado».
El contraste con el modelo de Washington es directo. En Estados Unidos el cierre ocurre por falta de acuerdo político en el Congreso sobre el presupuesto. Aquí el desencadenante sería fiscal. «En Estados Unidos el foco es más institucional, acá es para blindar el superávit», precisó una fuente oficialista.
Según las primeras conversaciones relevadas por LA NACION, quedarían exentos del cierre las jubilaciones, los programas sociales, los pagos de deuda y los gastos en seguridad y defensa.
El texto también contempla un paso previo: el Congreso tendría la oportunidad de definir qué partidas recortar antes de que se active el cierre. Si el Legislativo no actúa, se fijarían los gastos esenciales y se cortarían el resto.
El proyecto se enviará como texto individual, pero en tándem con la reforma de la carta orgánica del Banco Central y las penas para quienes emitan sin respaldo. Fuentes de la Casa Rosada advierten que podría requerirse también una modificación de la ley de administración financiera vigente.
El texto aún no comenzó a redactarse. No hay fecha de envío al Congreso.
El año pasado, el Ejecutivo ya intentó blindar el equilibrio fiscal con el proyecto de Estabilidad Fiscal y Monetaria. No prosperó. Ahora el oficialismo confía en la nueva composición legislativa.
Lectura de la casa. La iniciativa es la consecuencia lógica de un gobierno que convirtió el superávit en su principal activo político. Institucionalizar el cierre del aparato estatal como respuesta automática al gasto excesivo es exactamente el tipo de ancla que los mercados y los acreedores valoran. El riesgo real no es el mecanismo en sí: es que el Congreso lo diluya antes de aprobarlo, como ya ocurrió una vez. La prueba de fuego no es el diseño; es la letra chica.


