Confirmado. Javier Milei y su entorno sostienen la euforia por el triunfo de Flavio Bolsonaro en la primera vuelta.
La nota marca una doble lectura. Por un lado, la Casa Rosada celebra un avance de la ultraderecha en el mayor país de la región. Por otro, la economía argentina le quita margen político al Gobierno.
Luis «Toto» Caputo destacó en un tuit que, en agosto, el Índice de Producción Industrial Manufacturero subió 1,9%. Pero el mismo texto recuerda que, si se siguiera la lógica del ministro, la tendencia-ciclo cayó 0,6%.
También aparece otra contradicción. Milei prometió el 20 de marzo que el número de inflación minorista en agosto arrancaría con 0. Luego se vanaglorió de que el índice de inflación de julio había arrancado con 0. Pero el dato era el mayorista, de 0,8%. El minorista fue de 2,1%.
En agosto, agrega la nota, todo comenzó por encima de 1. El minorista llegó a 1,7% y el mayorista a 2,1%.
La lectura política es clara. Milei intenta apoyarse en Brasil para reforzar una narrativa de triunfo regional. Pero el frente interno sigue siendo la economía. Y ahí el Gobierno depende de números que, una y otra vez, le discuten el relato.
Eso importa más que la euforia importada. Cuando el aparato estatal celebra selectivamente y la actividad no acompaña, el costo político queda en la calle. Y también en el bolsillo de los contribuyentes.