MEXICO (Pulso) — El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, se reunió con la presidenta Claudia Sheinbaum. Acordaron impulsar la industria manufacturera norteamericana. El objetivo: cerrar la puerta a países que aprovechan el T-MEC sin ser socios.
El comunicado conjunto habló de «urgencia». Los temas en mesa: seguridad económica, trabajo, agricultura, pagos electrónicos, acero, aluminio y automóviles. Greer también se reunió con el secretario de Economía, Marcelo Ebrard.
Ambos equipos fijaron la cuarta ronda de negociaciones bilaterales en Washington, D.C., para septiembre próximo. Un grupo de empresarios estadounidenses viajó a México y se reunió con contrapartes mexicanas y equipos de gobierno.
En paralelo, la USTR anunció aranceles del 10% a países donde se produce con trabajo forzoso o que no aplican sus leyes eficientemente. México y Canadá quedaron incluidos en esa categoría.
La Secretaría de Economía respondió con precisión: «el nuevo anuncio mantiene la exención de arancel a exportaciones que cumplan con las reglas del T-MEC». Según el comunicado oficial, alrededor del 85% de las exportaciones mexicanas al mercado estadounidense continuarán con arancel cero. La dependencia aclaró que el 10% bajo la sección 301 «sustituye» al 10% previo bajo la sección 122. «El trato arancelario se mantiene», afirmó Ebrard.
El acuerdo de reforzar cadenas de suministro regionales responde a una lógica de libre mercado ordenado: producir más en Norteamérica, depender menos de economías que distorsionan precios con subsidios estatales o mano de obra forzada. Ese es el principio en juego. La pregunta que queda abierta es si el aparato burocrático mexicano tiene la capacidad —y la voluntad política real— de ejecutar los compromisos que Sheinbaum firmó frente a Greer. Los empresarios de ambos lados ya están en la mesa. El reloj corre hacia septiembre.


