El crecimiento medio anual del PIB real por habitante de México fue de aproximadamente 1.1 por ciento entre 1990 y 2024. Así lo muestran datos del Banco Mundial citados en un análisis publicado este martes. Esa cifra equivale a menos de un tercio del promedio de las economías emergentes y en desarrollo. También es apenas dos tercios de lo alcanzado por las economías avanzadas.
El principal culpable, según múltiples estudios documentados en la columna, es el estancamiento de la productividad total de los factores (PTF). La PTF mide cuánta producción se obtiene con una misma cantidad de insumos —trabajo y capital—. Sin mejoras en ese indicador, el crecimiento sostenido es imposible.
El contraste con Corea del Sur es elocuente. Con información del Penn World Table, el crecimiento promedio anual del PIB per cápita coreano superó al de México en 2.7 puntos porcentuales en el mismo período. Aproximadamente dos terceras partes de esa brecha se explican por la PTF; solo una tercera parte, por la inversión.
Corea construyó marcas globales y exporta productos de alto valor agregado con tecnología y diseños propios. México, en cambio, depende en su mayoría del ensamblaje de productos diseñados en otras naciones. Sus escasas empresas con presencia global «distan mucho de ser líderes tecnológicos», según el análisis.
Los indicadores de creación y difusión del conocimiento —gasto en I+D, investigadores por habitante, patentes, inversión en TIC— se han mantenido «muy por encima» en Corea durante muchos años, según el mismo texto.
Las raíces del rezago coreano-mexicano apuntan, según el análisis, a instituciones sólidas: respeto al Estado de derecho, cumplimiento de contratos, burocracia meritocrática y educación orientada a ciencias.
Lectura editorial. El diagnóstico no es nuevo, pero sí urgente. Décadas de instituciones débiles y gasto público mal dirigido han sacrificado el único motor real del bienestar: la productividad. Mientras el aparato estatal mexicano prioriza programas asistenciales y control político sobre la inversión en conocimiento y el respeto a los contratos, el rezago se profundiza. El libre mercado, la seguridad jurídica y la meritocracia no son lujos ideológicos: son, según los datos, la diferencia entre crecer al 1.1% y crecer al ritmo de las economías que sí transformaron su estructura productiva.


