El exministro Mario Marcel reapareció en el debate económico chileno. Su diagnóstico sorprendió: atribuyó la contracción del primer trimestre a caídas en agricultura, minería y pesca. También apuntó al alza de combustibles decretada por el gobierno actual.
El contexto, sin embargo, es más amplio. La economía chilena acumula cinco meses consecutivos en terreno negativo, según la fuente. Durante la administración Boric, el crecimiento promedio fue de 1,9%. Apenas superó el 1,8% del segundo gobierno Bachelet, el peor registro desde 1990.
Marcel encabezó Hacienda durante la mayor parte de ese período. Al inicio impulsó una reforma tributaria que no fue aprobada. La señal, según el análisis disponible, fue clara: la prioridad era recaudar y expandir el gasto, no crecer. El «gabinete pro crecimiento» llegó recién a fines de 2023. La aguja apenas se movió.
Las reformas laborales de esa administración elevaron los costos de contratación. El desempleo se ancló en tasas superiores al 8%, según la fuente.
En materia fiscal, entre 2023 y 2025 el Ejecutivo incumplió sistemáticamente sus metas de balance estructural. Los déficits superaron los anunciados. Los fondos soberanos perdieron reservas. La explicación oficial fue siempre la misma: ingresos menores a lo proyectado.
El propio exministro Andrés Velasco puso en duda recientemente que exista evidencia suficiente para afirmar que Chile puede acercarse a un crecimiento del 3%, según la fuente.
Lectura de la casa. El patrón es conocido: el aparato estatal gasta más de lo que promete, incumple sus propias metas y luego señala factores exógenos. Marcel no es la excepción. Cinco meses en negativo no son un accidente climático ni un shock de combustibles. Son el resultado acumulado de años de gasto creciente, reformas que encarecieron el trabajo y una señal persistente al sector privado: aquí no se prioriza la libre empresa. El contribuyente chileno pagó esa factura. Todavía la está pagando.


