MEXICO (Pulso) — Los huesos de mamut siguen apareciendo en la Ciudad de México. Dos hallazgos documentados ilustran la densidad de estos gigantes en el antiguo Valle de México.
Metro Talismán, 1978. Durante la excavación de la Línea 4 del Metro se encontraron restos fósiles de un mamut en el área de la estación Talismán. El Sistema de Transporte Colectivo confirma que el ícono de esa estación representa al animal. Los restos se exhiben tal como fueron encontrados.
El Mamut Tepeyo, también 1978. El 11 de enero de ese año, en la calle Delia número 13, colonia Guadalupe Tepeyac, alcaldía Gustavo A. Madero, obreros abrieron un foso para drenaje. A 1.80 metros de profundidad apareció una osamenta casi completa. Una carta con sello del INAH, resguardada por el paleontólogo Paulo César Silva, describe al ejemplar: macho adulto joven, aproximadamente 30 años de edad. Murió atrapado en un pantano hace unos 12,000 años, al final del Pleistoceno. El animal quedó inmovilizado y murió de inanición. La posición anatómica del esqueleto se conservó casi intacta.
Silva custodia los restos en su propia casa, habilitada como museo local bajo el nombre «Mamut Tepeyo». Las visitas se coordinan por su página de Facebook. El cronista de la colonia Estrella, Sócrates Vera, señala que los terrenos cercanos al Tepeyac eran zonas de transición entre tierras altas y lodazales del antiguo lago. Eso facilitaba que animales pesados se atascaran y murieran sin poder liberarse.
El elefante es considerado descendiente directo del mamut, según la información del STC Metro.
El dato es claro: el subsuelo de la capital guarda un registro paleontológico de primer orden. Que parte de ese patrimonio descanse en una casa particular —bien documentada, con aval del INAH— habla de la iniciativa privada y la vocación individual donde el aparato institucional no llega. El libre acceso al conocimiento no siempre nace del Estado.



