BRASIL (Pulso) — Confirmado. La consultora Quaest publicó este miércoles nuevos datos. Lula alcanza el 45% de intención de voto en segunda vuelta. Flávio Bolsonaro, senador del Partido Liberal, marca el 37%. La distancia creció dos puntos respecto al mes anterior. En mayo había empate técnico.
El CEO de Quaest, Felipe Nunes, identifica tres motores del repunte. Primero: un programa de renegociación de deudas. Segundo: la discusión legislativa sobre reducción de jornada laboral. Tercero: la exención del impuesto a la renta para quienes ganan hasta cinco mil reales —cerca de 975 dólares— al mes. Con esas medidas, la aprobación del gobierno trepó al 48%. Es la primera vez que supera numéricamente a la desaprobación desde fines de 2024.
El segmento clave son los independientes. Representan el 33% del padrón. Su desaprobación al gobierno cayó del 58% en abril al 45% actual.
Los aranceles del 25% impuestos por Washington también remodelaron el tablero. Según Quaest, el 42% de los entrevistados dice que las tarifas aumentan su voluntad de votar por Lula. El 51% culpa de manera directa al senador opositor por las sanciones. Flávio Bolsonaro evitó condenar los aranceles contra su propio país. El analista Murilo Medeiros, de la Universidad de Brasilia, señala que «la supuesta alianza del bolsonarismo con Trump quedó bajo sospecha ante la afrenta del gobierno estadounidense hacia las empresas y el sector productivo».
El frente judicial también golpeó a la oposición. El juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes endureció las condiciones de prisión domiciliaria del expresidente Jair Bolsonaro. Según la fuente, Moraes concluyó que Bolsonaro violó medidas cautelares al redactar una carta de apoyo a la campaña de su hijo. Le suspendió las visitas por 30 días y le prohibió difundir manifiestos políticos por terceros. Además, inhabilitó a Flávio Bolsonaro a visitar a su padre por 90 días. A eso se suma el escándalo del Caso Master y disputas públicas con Michelle Bolsonaro.
Desde Pulso Global: el repunte de Lula descansa en gasto preelectoral y exenciones fiscales. El analista Medeiros lo llama «paquete de bondades». Los costos de esas medidas llegarán después del 4 de octubre, no antes. La oposición, por su parte, pagó un precio político alto por no defender con claridad al sector productivo brasileño frente a los aranceles. Ese error estratégico, documentado por los propios datos de Quaest, abre una ventana que el oficialismo aprovechó con eficacia.


