BRASIL (Pulso) — El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, respondió este domingo a los aranceles estadounidenses con un artículo en The Washington Post. Allí calificó las medidas de «error estratégico» y las atribuyó a intereses políticos, no económicos.
Según el mandatario, su gobierno presentó argumentos técnicos a Washington para evitar los gravámenes. No sirvió. Estados Unidos aplicó tarifas que oscilan entre el 12,5 % y el 37,5 % a productos brasileños.
Lula recordó que hace un año Trump anunció un arancel del 50 % y vinculó esa decisión a la situación política interna de Brasil, con mención expresa al expresidente Jair Bolsonaro.
Las cifras que aportó el mandatario son concretas. Las exportaciones brasileñas a Estados Unidos cayeron a su nivel más bajo desde 1997. El comercio bilateral retrocedió un 12,8 % en el primer semestre. En el mismo período, los intercambios con la Unión Europea crecieron un 6,1 % y con China un 15,9 %.
Lula advirtió que las cadenas productivas entre ambos países se verán alteradas y que empresas brasileñas buscarán nuevos socios comerciales. Afirmó además que los propios consumidores y empresas estadounidenses sufrirán las consecuencias, dado que varios sectores dependen de insumos brasileños.
Sobre política regional, el presidente sostuvo que América Latina y el Caribe «no necesitan portaaviones rondando sus aguas ni castigos tarifarios». Cerró con una advertencia directa: «nadie nos derrotará con base en mentiras».
La columna de Lula confirma lo que ya era visible: la guerra arancelaria de Trump reorienta flujos comerciales y empuja a socios históricos hacia Pekín y Bruselas. Cada punto porcentual que pierde Washington en Brasil es terreno que gana China. El coste estratégico de esa política, para el libre comercio hemisférico y para la influencia estadounidense en la región, lo pagarán empresas y consumidores de ambos lados.


