BRASIL (Pulso) — El presidente Luiz Inácio Lula da Silva respondió este miércoles al arancel del 25 % que Washington impuso a varios productos brasileños. «No vamos a quedarnos llorando», dijo. Agregó que Brasil buscará otros compradores.
El gravamen entró en vigencia hoy, tras una investigación de Estados Unidos sobre presuntas prácticas comerciales desleales. Brasil rechaza la acusación y califica el arancel de injusto.
Lula había anunciado inicialmente el uso de una ley de reciprocidad. Su vicepresidente, Geraldo Alckmin, descartó el martes cualquier retaliación. «Nosotros no nos vamos a levantar de la mesa de negociación», aclaró el propio Lula este miércoles.
El gobierno anunció créditos por 18.500 millones de reales para empresas afectadas. También prometió ayudar a «diversificar» sus mercados de exportación.
Carne de res y café quedaron exentos del arancel. Maquinaria, calzados, madera y plásticos sí serán gravados.
Brasilia argumenta, según el documento oficial, que Estados Unidos acumuló un superávit comercial de bienes y servicios con Brasil de 424.500 millones de dólares en los últimos 15 años. Añade que en 2025 el 76 % de las importaciones provenientes de Estados Unidos ingresaron a Brasil sin pagar aranceles, con una tasa media de solo el 3,1 %.
Brasil enfrenta además una posible sobretasa adicional del 12,5 % por no prohibir importaciones vinculadas a trabajo forzado. El ministro de Comercio, Márcio Elias Rosa, expresó que Brasilia espera que esa segunda tasa no se acumule sobre el 25 % ya vigente.
Las sobretasas llegan en año electoral. Lula enfrentará en octubre al senador Flávio Bolsonaro, aliado del presidente Trump, lo que convierte la disputa arancelaria en munición política de primer orden.
Desde Pulso Global: la respuesta de Lula combina retórica desafiante con pragmatismo forzado. El aparato estatal brasileño inyecta miles de millones en créditos para tapar el costo de años de política comercial alejada del libre mercado. La lección es clara: las economías que dependen del favor gubernamental pagan el precio cuando cambian los vientos en Washington.


