ARGENTINA (Pulso) — Una protesta estudiantil tuvo lugar este martes en la Facultad de Derecho de la UBA. También hubo una concentración frente a la Corte Suprema, en Plaza Lavalle.
En el acto de entrega de los Premios Quorum, estudiantes lanzaron papeles con la inscripción «Cristina Libre». Además, colgaron una bandera con la frase «La tierra no se vende, la Corte sí».
Los videos difundidos mostraron a los jóvenes irrumpiendo en el recinto al canto de «La Patria no se vende». Los organizadores pidieron orden en la sala.
La protesta fue difundida por la cuenta de Twitter «Cristina Libre», relacionada a La Cámpora. Esa cuenta mantiene vigente el pedido de «libertad» de Fernández de Kirchner, condenada a cinco años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos por la causa Vialidad.
Frente al edificio de la Corte, sectores del PJ, la izquierda, gremios y piqueteros se manifestaron contra el fallo que dejó vigente la derogación de la ley de Tierras. La convocatoria se agrupó sobre Plaza Lavalle, en el centro porteño.
Allí se montaron dos escenarios. Uno quedó ocupado por los sindicatos más cercanos al kirchnerismo. El otro, por agrupaciones de izquierda. La protesta no alcanzó a cubrir toda la plaza.
El despliegue sobre Talcahuano interrumpió el tránsito entre Tucumán y Lavalle. La escena dejó otra postal conocida: presión callejera sobre instituciones que deberían funcionar sin aprietes políticos ni militancia hostil.
La discusión de fondo no es menor. La Corte revocó un fallo que había frenado el artículo 154 del decreto 70/23. Ese artículo derogaba la ley de Tierras y quitaba límites a la venta de tierras a extranjeros.
El problema para el país no es solo el ruido político. Es la señal que recibe la Justicia cuando sectores organizados intentan convertir una sentencia en blanco de escarnio. El orden institucional protege la propiedad, la previsibilidad y la libertad económica.
Cuando la protesta apunta a debilitar tribunales y celebrar la presión callejera, pierde el ciudadano común. Gana la lógica de la trinchera. Y el costo lo paga, otra vez, el respeto por la ley.