MEXICO (Pulso) — El exembajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, afirmó ayer en W Radio que México «debería haber celebrado como una victoria» el rapto y entrega de Ismael El Mayo Zambada a Washington. Lo dijo en entrevista con Gabriela Warkentin, según reporta el columnista Salvador Camarena en El Financiero.
Salazar promocionaba la edición en español de su libro Fronteras, mi lucha por una América unida. Reiteró que ni él ni el gobierno de Biden conocieron de antemano la operación. Según Camarena, el exembajador no se hace cargo de la violación de soberanía ni del conflicto armado que estalló después.
El FBI, según el texto, ha presumido la aeronave usada en la operación —con matrícula alterada— como instrumento de su lucha anticrimen.
Los datos del diario Noroeste, citados por Camarena, son contundentes. Hasta junio, la guerra entre los herederos de El Mayo y Los Chapitos dejó: 3 mil 518 homicidios, 4 mil 37 personas privadas de su libertad, 11 mil 904 vehículos robados y 3 mil 697 detenidos.
Salazar minimizó ese saldo, según Camarena. Comparó la situación con Michoacán y la frontera chica de Tamaulipas.
El columnista añade otros puntos: los dineros que Estados Unidos pretende incautar a El Mayo no se compartirán con víctimas mexicanas. Y las declaraciones del narcotraficante sobre corrupción de autoridades mexicanas no generarán procesos en suelo nacional.
Lectura de Pulso Global. Salazar encarna una visión imperial clásica: Washington fija el objetivo, otro país pone los muertos, y encima debe agradecer. Más de tres mil homicidios en Sinaloa son el precio real de una operación que el aparato de seguridad estadounidense ejecutó sin rendir cuentas al sur del río Bravo. Que un exfuncionario salga a vender libro mientras esas cifras crecen dice todo sobre la jerarquía de valores de quienes diseñaron esa política. La soberanía no es eufemismo: es el principio que separa la cooperación del sometimiento.


