CHILE (Pulso) — Santiago, Chile. El presidente José Antonio Kast se reunió este jueves en La Moneda con los presidentes de los partidos de su coalición. La cita comenzó cerca de las 19:30 horas.
Asistieron el senador Arturo Squella (Partido Republicano), la senadora Andrea Balladares (RN), el senador Luciano Cruz-Coke (Evópoli) y el diputado Guillermo Ramírez (UDI). Los acompañaron el biministro del Interior y Segegob, Claudio Alvarado, y el titular de la Segpres, José García Ruminot.
El encuentro se produjo un día después del tropiezo legislativo del miércoles. El senador Gustavo Sanhueza (UDI) votó en contra del último artículo pendiente de la megarreforma. Ese artículo buscaba compensar a municipios por menor recaudación de contribuciones.
A eso se sumó la ausencia del senador Enrique Van Rysselberghe (UDI), quien viajó al Biobío por razones personales. Los senadores Sergio Gahona (UDI) y Matías Walker (Evópoli) exigieron al Ejecutivo «recursos frescos» para zonas afectadas por el temporal.
Ante ese cuadro, los ministros Jorge Quiroz (Hacienda), Alvarado y García solicitaron postergar la votación hasta agosto. El Ejecutivo reconoce que alcanzar los 26 votos necesarios será difícil, según la fuente, dado que convencer a Sanhueza es altamente improbable.
Es la segunda reunión de este tipo desde que estalló la crisis de convivencia oficialista a mediados de junio. La instancia nació tras un encontronazo público: el diputado Agustín Romero (Republicano) cuestionó a diputados de RN por su postura ante la acusación constitucional contra Nicolás Grau. La senadora Balladares respondió con dureza en el comité político ampliado.
Balladares declaró antes de ingresar: «Espero que sirva para hacer una evaluación acabada del momento que vive el país y fortalecer la coordinación política».
Lectura de la casa. La escena es reveladora: un senador del propio bloque tumbó el artículo clave y otro no llegó a votar. El aparato oficialista no logró garantizar disciplina en un trámite propio. La postergación hasta agosto no resuelve el problema de fondo; solo lo aplaza. Para un gobierno que lleva su agenda legislativa como bandera de gestión, cada voto perdido dentro de casa tiene un costo político que ninguna reunión de coordinación borra automáticamente.


