ARGENTINA (Pulso) — Javier Milei declaró este lunes en Radio Mitre que Washington cambió su visión estratégica. Sostuvo que eso abre la puerta a recuperar Malvinas. También afirmó que «por primera vez la ONU obliga a Inglaterra a sentarse a dialogar».
Los isleños respondieron de inmediato. El legislador Roger Spink fue directo: esos hechos «no sucedieron». Señaló que no existe declaración pública de Washington que respalde los dichos del presidente argentino.
El Departamento de Estado lo confirmó el 24 de abril. Su posición sobre Malvinas «sigue siendo de neutralidad constante». Eso descarta cualquier giro a favor de Buenos Aires.
Spink aclaró además el punto sobre la ONU. Las resoluciones del Comité de Descolonización no son vinculantes. Se aprueban desde hace décadas. Nunca produjeron negociaciones de soberanía.
Un correo filtrado del Departamento de Guerra sí mencionó suspender el apoyo británico a las islas. Era una lista de represalias contra aliados de la OTAN. Según medios británicos, fue una advertencia deliberada a Europa occidental. No una política adoptada.
En paralelo avanza el proyecto petrolero Sea Lion. Lo desarrollan Rockhopper Exploration y la israelí Navitas Petroleum. La primera fase contempla inversiones cercanas a 2.100 millones de dólares. La producción estimada supera los 170 millones de barriles.
El CEO de Navitas, Amit Kornhauser, dijo en marzo que el proyecto avanzó «sin ninguna interferencia» del gobierno argentino. Citó además declaraciones de Milei del 2 de abril, cuando el presidente reconoció el derecho de autodeterminación de los isleños. Eso, según Kornhauser, despejó dudas políticas sobre la viabilidad del proyecto.
Milei visitó Israel en abril y se reunió con Netanyahu. El reclamo por Sea Lion no estuvo en la agenda bilateral oficial.
Lectura editorial. Milei construye un relato de avance diplomático. Los hechos documentados apuntan en dirección contraria. Washington es neutral. Londres refuerza militarmente Mount Pleasant. Una empresa israelí extrae petróleo en aguas en disputa con respaldo británico y sin objeción operativa argentina. El libre mercado es un principio válido. Pero invocar la soberanía nacional mientras el aparato estatal mira hacia otro lado no es coherencia: es contradicción.


