MEXICO (Pulso) — Hugo Sánchez estudió Cirujano Dentista en la UNAM por influencia familiar y por precaución. Sus primos odontólogos le recomendaron la carrera. «Es una carrera bonita, no es muy costosa», recordó en entrevista para ESPN.
Su madre fue la pieza clave. Le advirtió: «Primero es la educación y después el deporte». Le bloqueó el viaje a España hasta que concluyera los estudios. «Me tuve que quedar aquí para terminar mi carrera», confirmó el exdelantero en entrevista con Mara Patricia Castañeda.
El título llegó. Y con él, el permiso materno. Sánchez llegó a España en 1981. Ahí puso en práctica sus conocimientos. «Le arreglaba la boca a compañeros del Atlético de Madrid y del Real Madrid, sin cobrar porque no podía ejercerlo profesionalmente», relató.
La odontología también figuró en sus planes de retiro. Pensaba abrir una clínica dental. «Voy a poner mi clínica dental y tal vez no trabaje yo de manera directa, pero soy el administrador o el director», contó a Castañeda. El plan cambió tras una conversación con Alfonso Portugal, padre de su entonces esposa Emma. Portugal le sugirió transmitir su conocimiento futbolístico. Sánchez aceptó, se preparó como técnico y conquistó el bicampeonato de la Liga MX con Pumas en 2004.
La bata blanca también le dio presencia comercial. Apareció en anuncios de Colgate durante los años ochenta y noventa. En 2014 protagonizó una campaña para Crest junto a Eugenio Derbez.
El caso Sánchez ilustra un principio que hoy escasea: la responsabilidad personal como red de seguridad. No esperó subsidio ni cupo garantizado. Estudió, cumplió, y después jugó. La UNAM le dio el título; su madre, la disciplina; el mercado, la oportunidad. Esa secuencia —mérito, esfuerzo, libertad para actuar— sigue siendo la fórmula más eficaz contra la incertidumbre, dentro y fuera de las canchas.



