COLOMBIA (Pulso) — Gustavo Petro deja la presidencia el 7 de agosto. Su situación patrimonial inmediata es incierta.
Su hija Andrea Petro habló con la revista Semana. Confirmó que la casa en Chía, Cundinamarca, «está en venta desde hace 10 años» y no ha encontrado comprador.
La razón, según ella: «Es de Gustavo Petro. Y mi papá y Verónica Alcocer están en la lista OFAC, de Estados Unidos». Andrea Petro agregó que el bien «está considerado dentro de esa lista» y que «no será fácil venderla».
Su pronóstico: «Pienso que mi papá se quedará ahí, por lo menos un año más».
Sobre el precio, Andrea Petro dijo no tener «la más remota idea», pero estimó que propiedades similares en Chía valen «como 2.000 o 3.000 millones de pesos». Advirtió que la vivienda «se ha desvalorizado frente a conjuntos residenciales más modernos» en la zona.
También descartó un exilio inmediato de su padre. «Él no tiene por qué esconderse si no ha hecho nada», afirmó. Mencionó rumores sobre Bélgica junto a Rafael Correa y la opción de Suiza, pero los consideró poco probables. Sobre Abelardo De La Espriella, dijo que «puede gritar y tratar de meter a mi papá a la cárcel, pero por el momento no hay ningún riesgo».
Andrea Petro reside en Francia, donde trabaja como empresaria de ropa.
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La imagen que emerge es la de un expresidente atrapado entre sanciones internacionales y un divorcio sin liquidar. La lista OFAC no es un detalle menor: convierte cualquier transacción sobre ese inmueble en un riesgo legal para el comprador. El mercado, en suma, ya dictó su veredicto antes que los jueces. Que el propio entorno familiar lo reconozca en voz alta revela el peso real de las consecuencias que el petrismo desestimó durante cuatro años.


