MEXICO (Pulso) — La próxima semana arranca una nueva edición de la Leagues Cup. El Atlante participará por primera vez tras su regreso a la Primera División.
Miguel Herrera fijó el tono desde el inicio. «No hay ninguna exigencia para nosotros», declaró el estratega. «Vamos a competir y a salir a ganar los partidos; después, veremos para qué nos alcanza».
El objetivo institucional es claro. El técnico señaló que el torneo servirá para demostrar «que estamos listos para estar en todos los torneos que impliquen estar en la Liga MX».
En esta edición, México recibirá cuatro partidos. El resto se disputará en Estados Unidos. Para Herrera, eso no alcanza para llamarlo torneo binacional.
El Piojo recordó un antecedente concreto. Dirigió a los Xolos de Tijuana en un duelo ante Querétaro dentro de la Leagues Cup. El estadio reunió apenas 200 aficionados.
«Debería ser recíproco», advirtió. «Sí tendrían que analizar bien cómo ver las circunstancias de que se pueda jugar en los dos países y que realmente sea un torneo binacional».
Confirmado. El reclamo apunta directo a los organizadores del certamen.
El señalamiento de Herrera toca un punto de fondo. Un torneo que se presenta como binacional pero concentra la mayoría de sus partidos en un solo país responde más a lógica comercial que a paridad deportiva. El aficionado mexicano financia con su interés la marca del torneo; recibe a cambio cuatro fechas. La libre empresa funciona cuando el intercambio es equilibrado. Aquí, la balanza inclina hacia el mercado estadounidense. Eso no es un dato menor para los clubes de la Liga MX que ponen nombre y plantel en juego.


