MEXICO (Pulso) — El representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, advirtió ante el Comité de Finanzas del Senado que la renovación del T-MEC podría complicarse. La razón: México no cumple con sus entregas de agua del Río Bravo, previstas en el Tratado de 1944.
El senador republicano de Texas John Cornyn planteó la pregunta directamente. Greer respondió sin rodeos. «Desde la perspectiva del presidente Trump, es claro que si queremos tener una relación comercial beneficiosa con México y algún tipo de acuerdo, también deben colaborar en este tema», declaró según la fuente.
Greer añadió que la seguridad fronteriza y «otros asuntos fuera de su jurisdicción» también forman parte del paquete. Confirmó además que viajará a México para reunirse con la presidenta Claudia Sheinbaum.
El contexto es relevante. El martes 21 de julio, México y EE.UU. retomaron su tercera ronda bilateral de negociaciones sobre el T-MEC. Es la primera desde que el gobierno de Trump rechazó, el 1 de julio, extender el acuerdo por otros 16 años. En su lugar, activó revisiones anuales hasta 2036.
Sheinbaum fijó posición. Afirmó que México buscará acuerdos de fondo en esta tercera fase. Sostuvo que las revisiones anuales posteriores deben funcionar como lista de cumplimiento, no como negociaciones completas. Advirtió además que Washington busca endurecer las reglas de origen y elevar el contenido estadounidense, pero que México no aceptará únicamente las demandas de EE.UU.
El cuadro es claro para Pulso Global. Washington amplió el perímetro de la negociación: el T-MEC ya no es solo comercio. Es agua, frontera y soberanía. El aparato oficial mexicano llega a la mesa con postura defensiva y sin margen político interno para ceder. Cada semana sin acuerdo de fondo es incertidumbre para la inversión, las cadenas de suministro y el empleo formal en los tres países. El costo de la ambigüedad lo paga primero la libre empresa.


